campiña ecijana

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miércoles, 15 de octubre de 2014

Del cortijo otra vez para Cañatos


Del cortijo otra vez para Cañatos


 

Se rebeló el niño de mi vecino allá en el cortijo donde andaba de porquero, no queriendo saber nada más del campo, del cortijo ni de los cochinos y además el padre a la vista de cómo le había desenvuelto la convivencia  y ante el temor a quedarse  él mismo sin trabajo  optó por echarlo para Écija.

Confiaba el pobre hombre en el cuidado del otro hermano mayor, estaría al tanto de buscarle algún trabajillo en los albañiles o donde fuera, como él mismo venía haciendo  y mejores compañías de las que tiempo atrás dejara en Cañatos. No se puede en el mundo ser más torpe ¿De verdad no sabía este hombre en manos de quien dejaba al gamberro del niño?  Pero si era su maestro, de su Salva  en casa y de los demás en la calle era de donde tenía la “carrera” hecha.  Empezó haciendo cuatro pamplinas con su hermano, nada, no hizo nada, vueltas y más vueltas a lo que el hermano le iba presentando, no había un rincón pecaminoso en toda Écija ni sus alrededores que no conociera, trabajar ni mijita ¿Para qué?  Y  de ¿Asentar la cabeza?  ¿Más? Ya de entrada lo cogió un día y  le dijo ven que te voy a hacer un hombre y se lo llevó por el Parralejos. Peinadito con su brillantina, su Varon Dandy ,  sus botas de media caña, tacón cubano, pañolillo de raso dejado caer al cuello, su peinecito de nácar blanco asomando por el bolsillito del pecho…   coño, bien maqueado. Tiraron por Puerta Osuna camino del Salón y buscando Sta. Cruz se colaron por Almonas, donde  echarían  una meadita en el “Postigo” para que S. Rafael  les diera el visto bueno y entrar con buen pie por aquellas callejuelas.

En una  casa de esas malas, pero no de las que se están hundiendo, no, de las otras, se colaron hasta el patio y el mayor ya desde el zaguán hacía siseo: sssssssss, continuando por lo bajini: Mariquiiiii,  Sssharini,  niñaaaaaaaaa  ¿Andehtai  humía?  quehtá aquí Sarvaó y que vengo que meo colonia…  a través de unas  macetas de pelistras  puesta sobre una ventana  las uñas color grana  de las manos de una mujer, entre la reja y la persiana se movían saludándolo.  Holaaaaa Sarvaó, que bien acompañaíto  vienes humío  ¿E tuyo? E mirmano y la traío pa bostizarlo, yastá hessssho unombre…  ¿E mu sssshico no?  Que vá, e que no cria  y saqueao asín, pero de lo demá ta bien servío  ¿Tu quié desí?  Prévalo, te va queá pahmá.  La buena mujer ¿Tampoco tenía porqué ser mala? levantó la cortina de hilillos con chapitas de Pesicolas dobladas y les brindó entrada al cuarto, pasá, pasá, cohy toy sola decía y tú Sarvaó vete tomando desa botella un vasito mientra yo arreglo a ehte. Amo a  ve  sshiquillo ¿Cómo te lo diría yo? ¿Te hessho sá o te como asin mihmo?  ¿Dise turmano quehtá bien servío no?     hi, hi, decía el muy pícaro sonriente  mirando a la  buena mujer con la cabeza medio gacha y la vista puesta en donde tenía las intenciones de  quemar y hundir,  po te viá desí una cosa, si tú me llega de pie no te viá cobrá ni una gorda, ni a ti ni aturmano y sinó, po acoquiná humío quehtá la cosa mu mala. Passssa ahí dentro que te viá aviá , le dijo de manera cariñosa al tiempo que le soltaba  un cachetito en el culete con una mano, mientras con la otra levantaba una cortina de saco que dividía el habitáculo. El hermano encendió un Ideal  y se echó  vino de la botella y justo cuando se arrimaba el vaso al labio de abajo  se escuchó un grito desgarrador  y de espanto que retumbó por toda la casa, por la tapia que dividía el patio  gritaban  las vecinas atemorizadas  ¿Capasáo cooooño, capasáo?   ¿Niñaaaaa  a pasáo argo?  Y  en la calle  se levantó un murmullo,  un ronroneo y una inquietud    ¿Sos normá, cohone?  Decía uno preocupado y los curas de Sto. Domingo salieron  de estampida del convento y mirando para la torre afirmaban: po aquí pol lo meno no e, habrá sío porel callehón…    tras  la cortina de saco con la voz algo repuesta y  embargada en la emoción, confesaba aquella  mujer viendo perdida la apuesta: Sarvaó, Sarvaó,    hoy teva   hartá y de barde porque si ehte no llega macacho yo.  

Montero Bermudo.

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