Del cortijo otra vez para Cañatos
Se rebeló el niño de mi vecino
allá en el cortijo donde andaba de porquero, no queriendo saber nada más del
campo, del cortijo ni de los cochinos y además el padre a la vista de cómo le
había desenvuelto la convivencia y ante
el temor a quedarse él mismo sin
trabajo optó por echarlo para Écija.
Confiaba el pobre hombre en el
cuidado del otro hermano mayor, estaría al tanto de buscarle algún trabajillo
en los albañiles o donde fuera, como él mismo venía haciendo y mejores compañías de las que tiempo atrás
dejara en Cañatos. No se puede en el mundo ser más torpe ¿De verdad no sabía
este hombre en manos de quien dejaba al gamberro del niño? Pero si era su maestro, de su Salva en casa y de los demás en la calle era de
donde tenía la “carrera” hecha. Empezó
haciendo cuatro pamplinas con su hermano, nada, no hizo nada, vueltas y más
vueltas a lo que el hermano le iba presentando, no había un rincón pecaminoso
en toda Écija ni sus alrededores que no conociera, trabajar ni mijita ¿Para
qué? Y de ¿Asentar la cabeza? ¿Más? Ya de entrada lo cogió un día y le dijo ven que te voy a hacer un hombre y se
lo llevó por el Parralejos. Peinadito con su brillantina, su Varon Dandy , sus botas de media caña, tacón cubano,
pañolillo de raso dejado caer al cuello, su peinecito de nácar blanco asomando
por el bolsillito del pecho… coño, bien
maqueado. Tiraron por Puerta Osuna camino del Salón y buscando Sta. Cruz se colaron
por Almonas, donde echarían una meadita en el “Postigo” para que S. Rafael
les diera el visto bueno y entrar con
buen pie por aquellas callejuelas.
En una casa de esas malas, pero no de las que se
están hundiendo, no, de las otras, se colaron hasta el patio y el mayor ya
desde el zaguán hacía siseo: sssssssss, continuando por lo bajini: Mariquiiiii, Sssharini,
niñaaaaaaaaa ¿Andehtai humía? quehtá aquí Sarvaó y que vengo que meo
colonia… a través de unas macetas de pelistras puesta sobre una ventana las uñas color grana de las manos de una mujer, entre la reja y la
persiana se movían saludándolo. Holaaaaa
Sarvaó, que bien acompañaíto vienes
humío ¿E tuyo? E mirmano y la traío pa
bostizarlo, yastá hessssho unombre… ¿E
mu sssshico no? Que vá, e que no
cria y saqueao asín, pero de lo demá ta bien
servío ¿Tu quié desí? Prévalo, te va queá pahmá. La buena mujer ¿Tampoco tenía porqué ser
mala? levantó la cortina de hilillos con chapitas de Pesicolas dobladas y les
brindó entrada al cuarto, pasá, pasá, cohy toy sola decía y tú Sarvaó vete
tomando desa botella un vasito mientra yo arreglo a ehte. Amo a ve sshiquillo ¿Cómo te lo diría yo? ¿Te hessho sá
o te como asin mihmo? ¿Dise turmano
quehtá bien servío no? hi, hi, decía el muy pícaro sonriente mirando a la
buena mujer con la cabeza medio gacha y la vista puesta en donde tenía
las intenciones de quemar y hundir, po te viá desí una cosa, si tú me llega de pie
no te viá cobrá ni una gorda, ni a ti ni aturmano y sinó, po acoquiná humío
quehtá la cosa mu mala. Passssa ahí dentro que te viá aviá , le dijo de manera
cariñosa al tiempo que le soltaba un
cachetito en el culete con una mano, mientras con la otra levantaba una cortina
de saco que dividía el habitáculo. El hermano encendió un Ideal y se echó
vino de la botella y justo cuando se arrimaba el vaso al labio de abajo se escuchó un grito desgarrador y de espanto que retumbó por toda la casa,
por la tapia que dividía el patio
gritaban las vecinas
atemorizadas ¿Capasáo cooooño,
capasáo? ¿Niñaaaaa a pasáo argo? Y en la
calle se levantó un murmullo, un ronroneo y una inquietud ¿Sos
normá, cohone? Decía uno preocupado y los
curas de Sto. Domingo salieron de
estampida del convento y mirando para la torre afirmaban: po aquí pol lo meno
no e, habrá sío porel callehón… tras la cortina de saco con la voz algo repuesta y embargada en la emoción, confesaba aquella mujer viendo perdida la apuesta: Sarvaó, Sarvaó, hoy teva
hartá y de barde porque si ehte no llega macacho yo.
Montero Bermudo.
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