campiña ecijana

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domingo, 21 de mayo de 2017

La dureza en ocasiones, me supera


A bocados hay que comerse a quien sea…   si hace falta.
          Lolaaaaaa,  “los bocaos”  – llamo a mi perrita que anda divagando con su pelota por el pasillo -  vente aquí conmigo que empiezan “los bocaos”. Nos acomodamos los dos dispuestos en el sofá a ver la TV2 que es la única que nos cuenta “verdades”, lo demás, todos son trapos sucios de unos y otros lavados en plaza pública para regodeo y mal gusto o decadencia, seguido del  politiqueo de un nivel deplorable y vergonzoso   ¡lástima de país! Entre embusteros y ladrones…  menudo tema, pero bueno a lo nuestro.
          En primer término, una leona acecha maquinando cualquier cosa que nos embarga de  toda otra cuestión. Entre el herbazal y al acecho apoyada las yemas de  sus garras sobre el terreno y puestas en tensión, los vértices de los omoplatos lo denotan marcando levemente  la curvatura de su espina dorsal; avanza sigilosa, casi se deduce, no se ve, “encañonando” su anatomía impertérrita cuyo punto de lanza son dos pupilas de “pólvora” clavadas en bronce amarillo de unos ojos fijos en un punto, hasta el que toma medida y que  el moderno  láser erraría, poco habrá de fallar; sin titubeo ni enfoque distinto, para el soslayo y el reojo no hay lugar por el momento, vendrá luego del “disparo” buscando el apoyo logístico de las demás leonas  que agazapadas, no muy lejos, andan a la espera del supremo momento.       
         Se amplía la imagen que ofrece el documental y ya se ven horizontes en lejanía, donde campan en grandes manadas: Ñus, unos pocos de Elefantes y entre otros habitantes de estas inmensas sabanas del Serengueti, hienas interesadas y “muertas de risa” a la espera de cualquier descuido.  Se detiene el objetivo y en un primer plano nos ofrece a mi Lola y a mí, a una madre recién parida que limpia y lame a su pequeño ñu, temblón y torpe que a duras penas lucha por mantenerse en pie y ofreciéndonos imágenes enternecedoras y casi cómicas, hasta conseguir mantener compostura…  segundos después bajo las patas de su madre demanda sustento.
          Por un momento creo entender…   no, no puede ser, no es posible que a este “angelito animal” sea a quien le toca. La leona se desplaza con toda astucia y cautela, me incorporo y recojo los pies del suelo mientras mi Lola se apretuja sobre mí, algo intuye y la tensión de la pantalla llega hasta apoderarse del sofá ¿Cómo es posible tanta maldad? Espantado y abrazado a mi perrita asisto al drama sin atreverme a coger el mando del aparato…  con esto no puedo ¡Hijas de su madre! ¡Bárbaras! No tenéis corazón…   Como fieras que son se lanzan sobre esa “Maternidad picassiana” que embellece estas salvajes tierras africanas, enseñándonos su verdad, la fiereza y el tú o yo, aquí no hay elección.
          Cambia la imagen y nos ofrecen tres cachorros de león, preciosos, parecen peluches de juguetes ¡Qué lindos!  ¡Qué bonitos!  Jugueteando se muerden la cola y se revuelcan sobre la hierba que casi les cubre…    pasa de dos días que no comen        -  nos aclara el narrador – si su madre no vuelve rápida con algo corren peligros sus vidas…   y vuelve la escena anterior.
          Nosotros con nula capacidad para seguir aceptando tan horrendo espectáculo, cambiamos el aparato a la TV5 aunque sean unos minutos, que será suficiente; mientras, dejamos a la madre ñu con su retoño bajo las piernas defendiendo la vida entre acometidas y pataleo…   no sabemos en qué quedará este drama, ni queremos.
           La dureza del momento me hace pensar en tantas y tantas luchas que los seres humanos llevamos a cabo con tal de eso, de seguir viviendo, aunque bien es verdad que con escenas tan crudas, piensas que lo tuyo no es nada.
Montero Bermudo.
S. Juan Despi en el mes de las flores de 2.017