campiña ecijana

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domingo, 3 de septiembre de 2017

San Juan Despi después de 54 años


De aquel San Juan Despi que yo conocí.


 

         Total hace cuatro días, pero así como el que no quiere la cosa  ya  son  cincuenta  y tantos años. Al principio hasta costaba algo descifrar el nombre en el remite de las cartas que mandaba mi padre a casa, la falta de la costumbre de no haber leído  nombre tan “raro” de pueblo…   y la capacidad de mi padre para escribirlo, que colaboraba en ello también;   esperaba leer Barcelona y nada más, ahí era donde estaba mi padre con mi tío…  mi poca disposición en entender y comprender  ponía el resto.

          Esto ocurría allá por primavera del 63, él se había venido con su hermano “calentado” por sus primas que ya estaban aquí y empujado por las muchas “apreturas” que se estaban pasando…  ocho niños, poco trabajo, muchas vueltas a la cabeza y un “run  run” diario que se escuchaba por todo el pueblo:    “en Barselona hay trabaho patormundo”…    y en terminado  aquel verano andábamos todos juntos por estos alrededores.

          Vinimos a parar  junto a la cementera de la Sansón, casi en el punto que se juntan: S. Juan, S. Feliu y S. Justo; “Los tres Santos” se llamaba una gasolinera que teníamos prácticamente en la esquina. Las primas, junto con otros paisanos del pueblo, vivían en “Villa Dolores”  y era frecuente reunirnos con cualquier excusa y venir a ver la tele los fines de semana al bar, que con ese mismo nombre, había en la calle principal. Pocos días después de la llegada, bajaría con mi madre a través de Villa Dolores y la Mossota, por un camino de tierra entre viñas hasta  la estación, para buscar algo que debían de mandarnos por la RENFE, aunque fue un equívoco y sería por la de Francia, allá junto a La Ciudadela. Creo que fue la primera vez que entré por este pueblo, luego seguirían otras muchas para comprar manzanas en las casitas que todavía existen en la calle del Ferrocarril, junto al puentecito de medio punto en ladrillos macizos, que daba paso  por debajo de la vía al personal y a la riera. Descubrí pronto los Belenes de la Ermita del Buen Viaje y cada año los vería, hasta hace poco que lo cambiaron, colocándolos en un lugar con menos “gracia” y falta de “caliu” (que dirían aquí);  alguna película de “americanos” en el Guinart y sobre todo, aquellas “incursiones de camuflajes” por la calle de La Barca o la Riera d´en Nofre a las horas de siesta, buscando el baño en el río y los melocotones del Marçal o de quien fuera.

             ¿Qué queda de aquel pueblecito casi rural en su totalidad, después de estos últimos 54 años?  Se perdieron algunas masías del interior  del pequeño casco urbano (sirva de ejemplo la de Can Domenech, donde hoy se levanta un vulgar bloque, en el cual  resido)  inmensas y grandes con jardines, huertos y muros con setos; mucho del caserío  con sabor al XIX y tiempos de república, quedó finiquitado dando paso a “dormitorios” en forma de bloques: callecitas de tierra, palmeras y cipreses; en el tiempo se perdieron aquellas rosaledas de Camprubí  en los límites del municipio, aunque perteneciente al pueblo vecino de Cornellá y que con mi caballete a pleno campo diera rienda suelta a mis ilusiones paisajísticas; de los bocetos y apuntes que tomé desde la altura de Can Corts  por encima de   los jardines y la casa de estilo modernista con el telón de fondo de un S. Juan algo más estético que el que nos ha dejado la “modernidad”;  La altiplanicie de  lo que hoy es TV3, entre pinos, cerezos y melocotoneros, donde los “domingueros” de la izquierda política a golpe de tortilla campestre y megáfono defendían como una gran zona verde y que luego cuando dispusieron del mando, llenaron de cemento y hormigón…  la verdad siempre virgen en estos “salvadores” como siempre lo fueron.

          Desde ahí en derredor   se divisaba una panorámica  con todo el valle del río…   leyendo el paisaje con el mar en el horizonte a lo lejos y algo más cercano la bonita silueta de la parroquia  “samboyana”  de S. Baldiri  rodeada de casitas en un pedestal  señalando la población  a los pies de la montañita del Turó de S. Ramón y que corona su Ermita…   una franja de casitas entre arboleda, la estación y el Hospital de Salud  mental en las estribaciones “montañosas”  dominada por la altura de Can Cartró;  continuando con pueblecitos en “fuga” a la vista, como Sta. Coloma, Torrellas, S. Vicens…   al fondo del todo y en días claros la imponente mole de Monserrat;  más abajo, ahora  ya y  paralelo al río, la otra fea realidad de lo moderno con el Cinturón del Litoral,   “sembrado” perenne de vehículos y contaminación, más  la vía por donde discurre el moderno AVE.

          El “avance” que nos hemos impuesto es esto y ello demuestra a las claras cuánto de ignorantes somos los humanos. Aunque la piedra con la que se tropieza en el camino alguien la aparte, otros la volvemos a colocar… no aprendemos nunca del todo y hemos destrozado tierras de labor, aguas y vegetación tan necesarias, más la estética del caserío, cambiándolas por: asfalto, naves, antenas, coches, isletas y más isletas con sus correspondientes “moniatos de hierros” a los que muchos llaman arte y bloques de feo ladrillo y hormigón.

          Esperemos que tarden un poquillo en desaparecer estos rinconcitos que nos quedan por donde paseo con mi perrita y los huertos y jardincitos con:  cipreses, pinos, palmeras, sauces, higueras…   que aún se ven  por: Can Po Cardona, Can Pau Torrens, Cal Alerm, Cal Rey, Cal Codina, Cal Felip…  sigan ahí como “fondo teatral” a mi estancia y disfrute con mi Lola, junto con otros tantos bellos ejemplos de recreo para la vista y el gusto como son: Villa Elena, Villa José,  Can Negre,  la Casa Rovira, la de Jujol, Casa Serra-Xaus, la Torre de la Creu…    y la propia de la Parroquia con su campana y la antiquísima Ermita del Buen Viaje que ahí está en medio de todo como ejemplo de humildad y harmonía con todo lo que llegó.

Montero Bermudo.

S. Juan Despí, con los calores vencidos de un verano que ronda finiquitar. 2.017