campiña ecijana

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sábado, 9 de junio de 2018

Cañatos, su fuente, su alma, su gente...


Mi Cañatos del alma     

           En un vuelo imaginario sobre aquel Cañatos en lontananza, el que me diera su luz, aquel que llevo en el alma y a semejanza del Cojuelo, al que Vélez diera alas, volando sobre su Fuente, por su: Arroyo, Paloma o Barrasa…  Cañaveralejos, Capilla, Del Ventorrillo y Empedrada; entre tranco y revoloteo por “Pinichi”, “El Matadero”, La Victoria o la Fuensanta…  “La Posá del gordo”, “La dientes”, “Garbancito” y el Estanco de Luisito; Zapateros,Sta. Irene y más allá del Palomar  ¡Tarde de toros en su “romano circo” !… y hasta el mismo Santiago que es de Cañatos el “Postiguillo” por donde al Cielo se entra cuando te llevan de bautizo.
          ¡Barrio de Cañatos!  El sitio donde nací, donde comenzó mi vida, donde quisiera morir; donde todo era esperanza, alegría, porvenir...   enclave junto a murallas ¡Ahí discurre el de Las Flores!  trayéndonos desde siempre simientes de cañas y jaramagos; de malvas y mastrantos, de berros y amapolas, de especiales olores, perfumes y “Bendita Gloria”; Mochales y La Argamasilla vertían aquí su riqueza en forma de agua constante, aunque a veces tan exuberante, que, corriendo y a lo loco, lo mismo que poco a poco haciendo acto de presencia, dejaba huella por mi barrio por marcar las diferencias.
     Limbo    romano por antonomasia, rinconcito de la “abundancia” porque allí había de todo, allí no faltaba nada; el amor entre su gente, sus peleas y zapatiestas fueron “formas de aclararse” ¡Muestras de una raza! la “salsa” del lugar por excelencia, donde lo esencial es la humildad; aparte… las discrepancias.   Con la mejor de la convivencia, el amor y la tolerancia… daba un “spíritus vini” el destilo de su mezcolanza que la alegría que aportaba, todo lo feo que hubiera…   se tapaba.  Pobres de solemnidad, indigentes como ratas, pero con una herencia “millonaria” de esas que no se acaban y que servía a moradores, vecinos y al que pasaba, para disfrutar de una coexistencia en la mejor de las convivencias, porque Cañatos es el Edén….    la “Eterna Roma astigitana” la primera luz que vi, maneras e idiosincrasia y enseñándome unos principios guiados por una santa… eso fue la que me parió y que engendrándome cañatero, me enriqueció con este lustre…  orgullo, rango, grandeza, “ricachona humildad “, distinción, cuna, nobleza y lo más bonito de todo: ¡Hasta que me muera!  
Montero Bermudo.
S. Juan Despí, esperando el verano del 2.018